La vez que Sammy Sosa destronó a Michael Jordan

De Chicago Sun Times/periodismoySociedad.net

El primer instinto es buscar fantasmas. En el mismo año que Sammy Sosa anotó 66 jonrones, vimos a Michael Jordan robar la pelota, hacer una pausa calculada, maniobrar ingeniosamente y disparar su última y más importante jugada contra el reloj… A sólo 6,6 segundos del final.

¿Estás bromeando?

¿Qué significa esta espeluznante simetría numérica? No lo sé. Dejémoslo como una linda coincidencia, una prueba más de por qué 1998, hayas sido viejo o joven o un político de mediana edad acosado por Larry Flynt, fue el año deportivo más memorable, excelente y genial de esta época. Hoy en día, las generaciones no están unidas por muchas cosas. Pero de alguna manera, una serie de flashes fotográficos y majestuosos logros nos unieron en un asombro colectivo, dejándonos con ojos y la boca abierta.

«Papá, ¿podemos ir a ver a Sammy Sosa jugar un partido?» preguntó una niña de 8 años en julio, dejando que la euforia se le escapara de la boca.

Es injusto esperar que se repita todo esto en un futuro próximo. El drama fue así de intenso, así de inmenso. Este fue el año en que se rompió el más regio de los récords, el año en que la historia se hizo a un lado para algunos de sus más grandes equipos, el año en que sucedió lo imposible y dejó que John Elway ganara y Doug Flutie jugara, el año en que Casey Martin venció a los arrogantes maestros del golf y se subió a su carrito, el año en que Harry Caray vivió más allá de su muerte y Joe DiMaggio murió mientras vivía.

El mejor testimonio de 1998 fue que pudo incluir un paralizante cierre de la NBA, un esteroide llamado androstenediona, la renovación de la licencia de Mike Tyson, el fracaso de las Olimpiadas de Invierno y cada boda, anulación, película basura y espectáculo de lucha libre posible en el que participó Dennis Rodman; y aún así ser recordado como un año maravilloso.

Cierta megalópolis del medio oeste de los Estados Unidos quedó exhausta, después de haber servido como el epicentro de todo. Comenzó en un frío y triste día de mayo, cuando Kerry Wood ponchó a 20 bateadores y se identificó como la verdadera esperanza de Chicago. Luego continuaba con la saga tragicómica de los Bulls, que terminó con el sexto y probablemente último de los títulos, la desaparición de Phil Jackson en una Harley y la contratación de Tim Floyd, el muchacho de Jerry Krause, a pesar de que Krause había negado al menos 100 veces que Floyd estuviese por venir.

Mientras los Bull se volvían un desastre, Sosa convertía una racha inexplicable de junio en un asalto al récord de Roger Maris, alcanzando a un dopado Mark McGwire con sus músculos naturales, cuadrangular tras cuadrangular, hasta lo profundo de septiembre.

De repente, el mismo jugador que no era capaz de golpear la pelota y lograr que pasara del infield dos años atrás, estaba en ruta para una nominación al Premio Nobel de la Paz, entregando comida y suministros a su República Dominicana natal después de un huracán mortal.

Tal vez Chicago parezca una ciudad de perdedores en estos días. Y tal vez el 98 no tenga la sonoridad del 85, conociendo la importancia sociológica de los Osos. Pero, ¿alguna vez has experimentado un año en el que dos historias te hayan remachado a la página de deportes y al televisor todos los días? Probablemente no exista razón para comparar estas historias en vez de apreciarlas como alegrías separadas, preservarlas en capullos para siempre. De todos modos, es un ejercicio fascinante, decidir si Sosa, Wood y los Cubs sin Harry tuvieron más impacto en la ciudad que otro campeonato de Jordan y los Bulls.

Más concretamente, Sosa contra Jordan. ¿Quién fue la gran historia del 98? No debería sorprender a nadie que yo diga que Sosa. Su triunfo fue nuevo, fresco, totalmente inesperado. Se trataba de un hombre que en 10 años creció ante nuestros ojos, dejó atrás su inmadurez y sus tendencias rebeldes y se convirtió en un embajador humanitario y mundial.

Para ser justos con Jordan, él nunca tuvo que rescatar una patria empobrecida después de un desastre. Pero Sosa también se dedicó a su arduo trabajo diario en el béisbol con una sonrisa, como alguien que tenía su vida en perfecta perspectiva. Era más divertido estar cerca de él que de McGwire, más divertido estar cerca de él que de Jordan. ¿De dónde salió esto?

Sosa no logró lo que hicieron esos hombres. No bateó 70 jonrones ni lanzó un canasto asesino para ganar otro anillo. Pero llegó mucho más lejos, habiendo salido de una existencia donde jugaba con guantes fabricados de viejos cartones de leche. Jordan es el mejor jugador que ha habido. McGwire posee el record más famoso y glorificado de todos. Pero Sosa fue con quien nos identificamos a este año.

Hay una razón por la que se une a McGwire en las recientes portadas de las revistas, aclamados como doble deportistas del año. Juntos, capturaron la esencia del deporte, llevando a cabo una competición amistosa en medio de la fuerza de la presión extrema. McGwire ganó, pero no fue hasta que Sosa le enseñó a relajarse y disfrutar del espectáculo a mediados de agosto, en el Wrigley Field, que se relajó y pasó a Maris y llegando a los 70. Cuando se abrazaron esa noche en San Luis, el mundo se sintió encapsulado en el mismo abrazo.

A nivel nacional, el Derby de Home Runs es la historia principal en todos los aspectos. A nivel local, el co-estrella encabeza mi lista.

El Papa Sammy I batea 66 jonrones, gana el premio al Jugador Más Valioso, desfila en una carroza por Broadway, canta «We Are the World».

Los Bulls ganan el sexto título de la NBA. Jordan encesta un tiro digno de Hollywood para terminar su carrera, rechaza el cigarro de Jerry Reinsdorf.

Phil “amor libre” se va, restringe sus entrevistas a charlas solitarias con la revista Cigar Aficionado. “Pink” Floyd llega, finalmente le da a Krause un compañero por paga y acompañante para Susa cenas.

Adiós Harry, hola Kerry. Los Cubs ganan, llegan a los playoffs, celebran como si hubieran ganado la Serie Mundial, son barridos por los Braves, traicionan la confianza de Sosa al no hacer nada durante las temporadas.

El cierre de la NBA amenaza a la dinastía Jordan después de que Jordan cambiara tres veces de opinión sobre jugar para Floyd.

Los Osos continúan su caída libre, pero Dave Wannstedt (alias el hombre más afortunado de la ciudad) esperaba mantener su trabajo.

Un escándalo de apuestas sacude a la engreída universidad de North Shore, pero el entrenador y el director atlético se niegan a aceptar cualquier responsabilidad.

Los White Sox se separan de Albert Belle y Robin Ventura, y caen en el olvido como equipo del mercado menor en el mercado mayor.

El resurgimiento del baloncesto de DePaul.

Fire gana el título de fútbol.

Puede que tengamos que hacer que ese título de Fire nos dure un tiempo. Los ciclos en los deportes son asuntos perversos. Los dioses recompensan a una ciudad, pero luego la hacen pagar. ¿Podríamos volver a ver esos impresionantes 70s? Una mirada al futuro:

Enero – McCaskey regresa de montar camellos en Kenya durante sus vacaciones, retiene a Wannstedt, ahorra 2.5 millones de dólares en salario, gana megamillones en transmisiones de la liga por televisión. Los cronistas de béisbol se vengan del malhumorado Carlton Fisk, no lo votan para el Salón de la Fama.

Febrero – Después de que se cancela la temporada de la NBA, Rodman acepta casarse con Marilyn Manson, y luego cancela la boda en disputa sobre quién llevará el vestido.

Marzo – DePaul trastorna a Cincinnati en el torneo Conference USA. Joey Meyer está al micrófono por la vigésima pérdida de temporada de Northwestern.

Abril – Los Bears dejan pasar a Donovan McNabb para irse con un linebacker de 6.4 y 230 libras disponible de la universidad Alcorn State. Los Blackhawks pierden los playoffs por segundo año consecutivo, primera vez desde finales de los 50.

Mayo – Los periodistas le preguntan a Sosa, que tiene 18 jonrones, el porqué de su bajo rendimiento.

Julio: Aburrido de su vida fuera del reflector, Jordan comienza su carrera cinematográfica. La revista Variety declara: «Barájalo, Michael».

Septiembre – Los Cubs se dirigen hacia una temporada .500, los aficionados aclaman la selección mejorada en el puesto de Cervezas del Mundo.

Octubre – Sosa termina con 59 jonrones, se disculpa con los aficionados «por un año decepcionante». Fire gana el segundo título consecutivo, el alcalde ordena que se erija la estatua de Zach Thornton fuera del Soldier Field.

Noviembre – Se reanuda la temporada de la NBA, 10.000 se presentan en el United Center para presenciar la derrota frente a Scottie Pippen y los Rockets.

Diciembre – El contrato de arrendamiento del estadio expira, McCaskey anuncia acuerdo para jugar partidos en el campo de fútbol bandera de Lincoln Park.

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