Cheque en blanco y voto universal, directo y secreto

Opinión de Isidro Toro Pampols/PeriodismoySociedad.net

En anterior articulo (Noticias 22, 8 de abril 2022) tratamos como personas interesadas utilizan el sistema de voto universal directo y secreto como falacia ad populum, en la que se utiliza el mecanismo como panacea de la democracia participativa, siendo solamente parte de un discurso efectista.

En la democracia representativa se aspira que, tanto en el poder legislativo como en el ejecutivo, estén representadas las distintas expresiones de la sociedad. Así los obreros organizados tienen parlamentarios en el poder legislativo y miembros en las comisiones tripartitas que, juntamente con los empresarios, organizan los gobiernos o por mandato de una ley, para establecer la política laboral.

 Lo mismo ocurre con otros sectores de la sociedad. Vista así, la democracia representativa deviene en una democracia de elites ya que son las cúpulas dirigentes de esos sectores son las que usualmente llegan al Congreso o forman parte del Poder Ejecutivo.

De allí que el partido político, en la democracia moderna, es el gran armador del sistema aportando los recursos humanos, bien sean de militantes o independientes simpatizantes que, en representación de dichas elites, van a las posiciones señaladas con un grado de compromiso con el ideal del partido que los postula.

Tal como lo plantean los académicos Jean L. Cohen y Andrew Arato, el sistema funciona mientras se respeten el conjunto nuclear de los derechos civiles, se realicen regularmente elecciones competitivas sobre la base del sufragio universal, las elites acepten la alternancia en el poder, lo que debe ocurrir sin violencia ni ruptura institucional. (1)

En el aparte del sufragio universal usualmente se apela al voto universal directo y secreto como mecanismo de legitimación democrática y esto ocurre tanto en la elección de los parlamentarios como del presidente de la República. Pero también, comúnmente, se proyecta en la elección de las autoridades y en las candidaturas partidarias.

En ambos casos, y utilizando los argumentos de los precitados académicos, mientras las elites concierten las reglas del juego y la mayoría pasiva de la población las acepten y la legitimen con su voto, la democracia elitista marcha a pesar de que los votantes no tienen prácticamente injerencia en la elaboración de la agenda política y mucho menos participar en el proceso de toma de decisiones. (2)

El punto es que cada cierto tiempo los votantes ejercen el derecho al sufragio universal, directo y secreto y a la hora de firmar la planilla donde testifican que voto, dan un cheque en blanco a los electos ya que el sistema, apartando la opinión pública que en la mayoría de las ocasiones es la menos publica de las opiniones, tiene pocos mecanismos para que la ciudadanía ejerza monitoreo efectivo que permita en algún momento incidir en las decisiones que afectan la vida diaria de las personas, tales como la implementación de los referendos o mecanismo de presupuestos participativos sobre materias de cotidianidad.

Así que no es más democrático votar directamente por un jefe de gobierno o de un partido. Los países europeos son ejemplos donde la democracia funciona a pesar de que los lideres son electos en el parlamento mediante listas cerradas y el presidente del Poder Ejecutivo en votación de segundo grado obteniendo una mayoría de la Cámara Baja o de Diputados. Y nadie puede decir que, con sus falencias, no funciona.

Enarbolar como bandera política la implantación del voto universal, directo y secreto no pasa de ser un argumento electoral muy manido por aspirantes con discursos populistas que, por sí sólo, no implica cambios estructurales en un país o en una organización política. Las democracias se dirigen, a diferentes velocidades, a implantar mecanismos de democracia participativa donde el ejercicio representativo sea consuetudinario con mecanismos donde la opinión sea verdaderamente escuchada e incluso, con dispositivos para tener injerencia en los componentes de toma de decisiones, en variados temas. El resto es pedir un cheque en blanco con discursos populistas de oportunidad.

1) Jean L. Cohen y Andrew Arato. Sociedad civil y teoría política. Fondo de Cultura Económica. México. 2001. Pags 23-24.

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