Educación Política/Democracia de elites y clase media

Por Isidro Toro Pompols

Periodismo y Sociedad, RD. En la sociedad de masas la democracia es, esencialmente, de partidos y de asociaciones representativas. La dinámica ha llevado a organizarse como una especie de paralelogramo donde todos los grupos manifiestan la búsqueda del bien común y para ello aspiran tener la confianza del pueblo con el compromiso de trabajar en la dirección señalada.

La organización del Estado moderno busca la representatividad de todos los sectores, de allí la formación de partidos que tienden a incorporar a la mayoría de la población, diseñando una organización donde la sociedad toda, en la mayoría de las agrupaciones, tienen espacios ordenados con el fin de articular sus intereses y ser portavoces de esas aspiraciones, bien desde la oposición o en el gobierno, como titulares o aliados.

De su lado el Estado, particularmente en sus ramas ejecutivas y legislativas, se estructura en base a objetivos sustantivos que procuran ese bien común deseado por todos. Aquí se presenta un tema ideológico que finalmente tiene que ver con los dos puntos mencionado en artículos anteriores: libertad e igualdad.

Así un Estado, desde el ángulo adjetivo, que comprenda que hay que dar más importancia a un liberalismo orientado a los derechos individuales tendrá menos despachos públicos ya que muchas funciones se las dejará al libre juego del mercado y la sociedad. Si su visión es de Estado benefactor y protección del débil social, de las normas compartidas por la comunidad, sumará otras instituciones en su organigrama.

Los seres humanos pensamos distintos y algunas de estas diferencias no pueden salvarse mediante la argumentación. Hay posiciones que generan tal fanatismo que difícilmente se salvaguardan mediante la discusión. Por ello en la conducción del Estado debe estar establecidas reglas claras de general aceptación, las que deben procurar el equilibrio de las diferentes tendencias y proceder sobre la base del nivel, para preservar la democracia. Por ello la mayoría de los partidos de masas son policlasista.

Cuando un grupo sectario toma el poder, se transita hacia un modelo totalitario. La clase media, por la variedad de sus capas, tiende a tener una visión diferenciada y allí su importancia en el proceso político, tanto desde la oposición como desde el gobierno.

La democracia busca la máxima representación posible a través de dirigentes que son sus legítimos representantes ya que son electos democráticamente y por eso, en un mundo complejo como el actual, debe funcionar una democracia representativa que no es otra cosa que una democracia equilibrada de representantes. El peligro se encuentra en la deriva autoritaria y como ejemplo tenemos el nazismo y el fascismo en la Europa del siglo XX y en los regímenes populistas de variado cuño que hemos visto tanto en la Europa de la posguerra como en nuestro litoral latinoamericano.

Hemos dicho que la democracia se ha debatido entre los ejes de la libertad y la igualdad. Otro extremo ha sido entre una democracia en la que todos participemos de las decisiones públicas o es preferible que solo lo hagan unas élites preparadas. Sobre lo segundo, veamos un par de planteamientos.

El sociólogo y politólogo alemán Robert Michels (1876-1936) esboza una teoría determinista marcando que las organizaciones terminan dominadas por elites y por vía de consecuencia, la democracia también. Michels trabajó la formación de las elites en los partidos políticos y el comportamiento político de las elites intelectuales y plasmó sus ideas en su obra: Los partidos políticos, que contiene una descripción de su “ley de hierro de la oligarquía”.

Michels estudio no solamente un grupo de partidos políticos de su época, sino también investigo sindicatos y otras organizaciones, llegando a una drástica conclusión: “tanto en autocracia como en democracia siempre gobernará una minoría“; la idea básica es que toda organización se vuelve oligárquica. Rodrigo Borjas, al respecto, nos dice que el politólogo germano piensa que en “la historia la regimentación política de las masas siempre estuvo a cargo de pequeñas minorías dominantes, de modo que expresiones tales como “Estado”, “derechos civiles”, “representación popular” y “nación”, forjadas por el pensamiento democrático, eran ficciones jurídicas sin ningún contacto con la realidad” y agrega: “las luchas de la democracia contra la aristocracia, que hemos leído en la historia, nunca han sido otra cosa que confrontaciones entre las viejas minorías que defendían su predominio y las nuevas y ambiciosas minorías que intentaban suplantarlas en el poder, sea fundiéndose con sus predecesoras o destronándolas.”(1)

Michels criticó el modelo democrático y la idea de representatividad. En las agrupaciones políticas el proceso de oligarquización empieza con la diferenciación de tareas en los partidos y otras asociaciones, completándose con la profesionalización. Según Michels, “quien habla de organización está hablando de tendencia a la oligarquía… (la organización) es la raíz del dominio de los elegidos sobre los electores, de los delegados sobre quienes delegan”(2)

De su lado el economista austriaco Joseph Alois Schumpeter (1883-1950), quien fue académico reconocido en la Universidad de Harvard en los EE UU, considera que la visión tradicional de la democracia, o sea, aquella orientada por el bien común donde participan directa o indirectamente los ciudadanos, es un enfoque engañoso. Plantea el investigador austriaco que tanto los individuos como los grupos tienen distintas preferencias y valores y, aunque en ocasiones coincidan, emergen las discrepancias en los métodos para alcanzar las metas acordadas. Se genera una incongruencia entre fines e incluso entre medios y fines. Esas desavenencias es difícil resolverlas apelando a una voluntad general.(3)

Schumpeter compara a los políticos con una clase empresarial que busca beneficios a corto plazo y luego busca mantenerse en el mercado. El impulsor del sistema político es el poder como de la economía es la ganancia. El centro de la lucha política es alcanzar el poder y hoy, lo que diferencia los modelos democráticos de los autoritarios es, entre otras, la forma como se obtiene y se preserva.

El sistema funciona mientras se respeten el conjunto nuclear de los derechos civiles, se realicen regularmente elecciones competitivas sobre la base del sufragio universal, las elites acepten la alternancia en el poder, lo que debe ocurrir sin violencia ni ruptura institucional. Mientras las elites concierten las reglas del juego y la mayoría pasiva de la población las acepten, la democracia elitista marcha a pesar de que los votantes no tienen prácticamente injerencia en la elaboración de la agenda política y mucho menos participar en el proceso de toma de decisiones. (4)

Nuestras democracias funcionan como compromiso de elites, donde el Estado distribuye su acción beneficiando en mayor o menor medida a cada una de ellas e incluso, abonando al presupuesto de las capas mas pobres de la sociedad programas sociales que le garantizan una transferencia de recursos que en oportunidades coloca a la llamada falsa clase media o a la clase media vulnerable, sobre la línea de pobreza, pero quedan expuestos a caer otra vez ante cualquier imprevisto, como la enfermedad de un pariente o el desempleo.(5)

Un punto que no podemos pasar por alto son los avances tecnológicos que permiten el acceso a la información y el desarrollo de instituciones que favorecen niveles de participación que en épocas pasadas no eran factibles. La tecnología puede favorecer una participación sin calor humano al punto que el menú de opciones sea tan restringido que, simplemente, la participación se transforma en una aceptación de la fórmula propuesta, tal como ocurre hoy con la oferta electoral. Pero, eso es tema para otro trabajo.

La clase media cada día se sacude el marasmo democrático que la ha caracterizado y se incorpora al activismo al menos militando en función de reivindicaciones específicas, como ejemplo, la lucha por el 4% del PIB para la educación en República Dominicana. Los partidos políticos en general atienden algunas peticiones sobre la base de diseñar políticas públicas o instrumentos legislativos. Pero orgánicamente no tienen estructura específica y diluye su relación en el espectro organizacional de la agrupación.

Muchos profesionales y técnicos, que son parte de la clase media, han actuado en política a través de las agrupaciones políticas. Cada vez más se incorporan al activismo fuera de los partidos políticos y se sienten representados en organizaciones que expresan representar la sociedad civil y se comunican por la vía de las redes sociales y su acceso a los medios de comunicación tradicional como la televisión, radio y medios impresos. Esta realidad pasa desapercibida para muchos partidos y se ha reflejado en los resultados electorales, al punto que muchos se han transformado de partidos con importante caudal electoral a clubes electorales que ofertan su tarjeta al mejor postor.

La clase media tiene mucho que aportar y las elites actuantes en políticas no debería verla desagregada en individuos.

Notas

Borjas, Rodrigo. Enciclopedia de la política.  https://www.enciclopediadelapolitica.org/ley_de_hierro_de_la_oligarquia/

Karl-Heinz Hillmann. Diccionario de Sociología. Michels, Robert. Editorial Herder. Barcelos, España

Simón, Pablo. La democracia según Schumpeter. https://www.jotdown.es/2014/01/la-democracia-segun-schumpeter/

Jean L. Cohen y Andrew Arato. Sociedad civil y teoría política. Fondo de Cultura Económica. México. 2001. Pags 23-24.

Toro Pampols, Isidro. La falsa clase media. https://eljoboilustrado.net/2021/05/25/la-falsa-clase-media/

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *