Formación y la actitud política frente al “otro”

Por Isidro Toro Pampols

Periodismo y Sociedad.  La actitud política frente al “otro”, sea este un individuo o una persona jurídica, bien sea de derecho público o privado, marca el desarrollo tanto del partido donde se participe como de la sociedad en su conjunto.

El Diccionario de la Real Academia Española (DRAE) define la actitud como una “disposición de ánimo manifestada de algún modo”. Esta “disposición de ánimo” busca la realización de una intención o propósito.

El estudio de la actitud es tema recurrente en el campo de la psicología social. Nos será de utilidad abordar un concepto amplio de la misma: la actitud “es considerada como una disposición interna de carácter aprendido y duradera que sostiene las respuestas favorables o desfavorables del individuo hacia un objeto o una clase de objetos del mundo social; es el producto y el resumen de todas las experiencias del individuo, directas o socialmente mediatizadas, con dicho objeto o clases de objetos.

Su significación social puede ser contemplada desde un punto de vista individual, interpersonal y colectivo; en el primer caso, el medio social provee al individuo de modelos y apoyos; en el segundo, el conjunto de actitudes es la base de la atracción mutua y de la formación de grupos; por último, son fuente de semejanzas y diferencias individuales en el seno de una sociedad”.(1)

Una persona al conducirse en su cotidianidad, actividad política incluida, requiere que su actitud sea coherente con sus creencias y conductas, o sea, si el individuo por alguna razón encuentra que existe algún tipo de incongruencia entre sus creencias y comportamientos, procederá a tratar de reducir dicha discordancia, bien modificando sus creencias, su proceder o ambos, buscando el equilibrio que le garantiza tranquilidad.

En política es importante. En la medida que un sujeto observa que la conducta de los dirigentes de una agrupación se desvía de sus creencias, va modificando paulatinamente o de manera radical, su accionar y va marcando distancia con el dirigente e incluso con la organización.

Hay factores que intervienen en dicho cuadro. Si la conducta dirigente tiene el aval o no de los órganos de dirección, si el directivo tiene un peso específico importante o si cuenta con un apoyo de consideración a lo interno o a lo externo de la agrupación. Las variables que se presentan son muchas, así que el tema es complejo y lo importante es tener presente el cambio de actitudes de los militantes y dirigentes medios es la respuesta a la percepción de variaciones de posturas de personalidades en los partidos, gremios, asociaciones, entes gubernamentales, entre otros.

Otro punto a destacar es la natural intención del sujeto de dominar las disonancias mediante mecanismos de reducción de las mismas. Aunque lo anterior ocurra, la realidad es que, a pesar que busque mitigar la situación, el estado psicológico de insatisfacción siempre causa cambios en la conducta del individuo.

De lo anterior podemos señalar que la actitud política es la creencia del individuo que condiciona las reacciones ante situaciones políticas. Así tenemos una actitud frente a la autoridad, esta puede ser de aceptación, obediencia, rebeldía. Frente al gobierno, que puede ser de aceptación, indiferencia, cuestionamiento. Igualmente, ante situaciones variopintas, como conflictos internacionales, tensiones sociales, crisis económica, entre otras, que coloca en nuestro crisol mental la evaluación de los actores vistos a través del prisma de nuestras ideas.

Recordemos una parte de la definición señalada supra, las actitudes “es el producto y el resumen de todas las experiencias del individuo, directas o socialmente mediatizadas”, allí se incluye educación formal e informal, clase social, ideas religiosas, entre otras muchas variables.

Las actitudes no son inmutables. Pueden cambiar de acuerdo a la evolución de las situaciones y los cambios de la percepción del sujeto. Aquí juega, hoy en día, un papel de primer orden las llamadas redes sociales y los llamados “influencers”, que son persona que cuentan con cierta credibilidad sobre un tema concreto y, por su presencia e influencia utilizando la comunicación cibernética, pueden llegar a convertirse en un referente.

De allí la importancia de la formación en los partidos políticos. Si una agrupación quiere tener permanencia en el tiempo, debe enmarcarse y desarrollarse dentro de los extremos de la definición de partido político formulada por J. La Palombara y M.Weiner; la cual establece que la agrupación política debe estar sustentada en los siguientes elementos:

a- Se ha de tratar de “una organización duradera, cuya esperanza de vida política sea superior a la de sus dirigentes”.

b- Ha de “poseer una organización local aparentemente duradera que mantenga relaciones regulares y variadas con el nivel nacional’.

C- “La voluntad deliberada de sus dirigentes nacionales y locales de tomar y ejercer el poder, sólo o con otros, y no sólo de influir sobre el poder”.

d- “El deseo de buscar un apoyo popular a través de las elecciones o de cualquier otro medio”. e- “Que canalice determinados intereses sectoriales”.

f- Y finalmente, “la organización debe estar dotada de un programa de gobierno de la sociedad en su conjunto”, en este punto, podemos asimilar, aunque relativamente, a lo que tradicionalmente se conoce como ideología.(2)

Así que es primordial en los partidos la formación política que procure la preparación del militante y directivo en cuanto a constituirse como un dirigente orgánico en su comunidad, definiendo claramente al “otro”, sean personas físicas o representante de persona jurídica, de derecho público o privado; compartiendo con el colectivo de la agrupación política el referido “programa” y los caminos constitucionales de tomar y ejercer el poder.

Esto es fundamental, primero, para integrar a los militantes del partido en procura de compartir la comprensión de los objetivos establecidos y, segundo, para que los dirigentes y militantes tengan la mejor visión posible de los “otros”, como factores cardinales que intervienen en la dinámica política. Así que en el programa de formación de una organización se debe tener presente el tema de la actitud política.

Si un partido se pierde en comprender el tema de la actitud política de propios y extraños, difícilmente podrá alcanzar las metas dispuestas en sus planes a mediano y largo plazo.

Bibliografía

Gómez Delgado, Tomás y León Rubio, José María. Psicología Social. Orientaciones teóricas y ejercicios prácticos. McGraw Hill. 1998. Pág 3118.

Cotarelo García, Ramón. Introducción a la política. Editorial Tirant lo Blanch. España 2015

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